lunes, 29 de septiembre de 2008

LA EVOLUCION PERSONAL



La Evolución Personal, según Assagioli

Roberto Assagioli, médico psiquiatra, nació en Venecia el 27 de febrero de 1888 y falleció en Capolona el 23 de agosto de 1974. Fue un pionero del psicoanálisis en Italia. Basó sobre él su tesis doctoral y empezó a practicarlo desde sus primeros años profesionales. Compartió con Freud y Jung el nacimiento del psicoanálisis y de la psicología profunda a comienzos de este siglo en el grupo «Zurich Freud Society». El estudio de los procesos del inconsciente le dejaron una profunda impresión, la que más tarde desarrolló en una variedad de hipótesis que superaban los límites del psicoanálisis ortodoxo.

También fue un pionero en el Movimiento de la Psicología Humanista, junto con Maslow, Rogers y Rollo May en los años 60, La idea principal era simple: más que enfocarse en la patología para definir al ser humano - como lo hacía el psicoanálisis demasiado a menudo - o en las similitudes estructurales entre el sistema nervioso animal y el humano - como lo sugiere el conductismo - se colocaba el mayor énfasis en la aspiración hacia la totalidad, en el potencial humano hacia el crecimiento, las expansión de consciencia, la salud, el amor y el gozo.

Más adelante, Maslow, Grof y Assagioli derivaron hacia la Psicología Transpersonal, la que denominaron así para evitar las connotaciones negativas, o identificaciones, que pudiera tener la palabra «espiritual» con las diversas religiones; pero la idea es que trasciende las limitaciones de lo personal para proyectarse hacia un todo mayor del que formamos parte. Assagioli fue uno de los primeros en escribir en el Journal of Transpersonal Psychology de Estados Unidos.

Además de sus investigaciones y experiencias en el nivel profesional, su vida fue muy rica en diferentes contactos con personas que se movían en otras esferas del conocimiento, como Benedicto Croce., P. D. Ouspensky, Hermann Keyserling, Rabindranath Tagore, Inhayat Khan, D. T. Suzuki, Alexandra David Neel, Viktor Frankl, Robert Desoille, Alice A. Bailey, y C. G. Jung, con el que mantuvo una estrecha relación, antes y después de su abandono del psicoanálisis. A todo esto se agregó un profundo conocimiento de la filosofía hindú y del budismo que estudió con un lama tibetano, el Maestro D. K. Tal bagaje de conocimientos agregado a una vida de profunda reflexión, dio como resultado una muy amplia perspectiva de las posibilidades de realización del ser humano a la que llamó Psicosíntesis.

Su vida fue el mejor testimonio de su enseñanza. Siempre fue evidente su gran amor hacia la humanidad y su confianza ilimitada en la bondad fundamental del ser humano. Quienes lo conocieron lo recuerdan como una persona que irradiaba amor, alegría, compasión y paz interior.

La Psicosíntesis:

En su sentido más básico trata del proceso de crecimiento e integración de elementos que se presentan previamente separados en el ser humano, los que son conducidos hacia la armonización de una personalidad integrada a que se denomina «yo consciente». La Psicosíntesis considera que cada uno de nosotros tiene un impulso natural hacia la propia evolución y que podemos dirigir conscientemente ese proceso si se nos provee de conocimientos teóricos y prácticos que lo faciliten. Ella nos ofrece un marco de trabajo que nos capacita para comprendernos mejor a nosotros mismos, nuestras capacidades y nuestras relaciones con los otros gracias a técnicas que nos ayudarán a tratar con ellos en forma efectiva
y segura.

La Psicosíntesis tiene un campo muy amplio de aplicación. Actualmente ha sido enseñada en los cinco continentes. Hay más de cien centros en todo el mundo: en EE. UU., Australia, Holanda, Indonesia. Suecia, Inglaterra, Italia, Bélgica, Francia, España, Nueva Zelanda.

Como proceso de integración a nivel del yo personal o consciente, se usa en psicoterapia, educación, relaciones interpersonales y sociales, también en hospitales y cárceles como medio de rehabilitación psicológica, Según el ámbito en que se aplique, adopta características particulares. Su aplicación en la formación de educadores es diferente a la que se emplea en el desarrollo personal o en la formación de terapeutas. El núcleo o proceso fundamental es común en todas sus aplicaciones, lo que varía son las técnicas empleadas que superan las 40. Entre las más usadas están la imaginación dirigida, el análisis de sueños, los dibujos, las dramatizaciones, las máscaras, el modelado en arcilla y la expresión corporal.

Sueños e imaginería en la Psicosíntesis:

La interpretación de los sueños y el desarrollo de la imaginería son unas de las técnicas más empleadas en la Psicosíntesis, porque producen los más rápidos efectos terapéuticos. Resumimos aquí sus fundamentos claves.

1.- Lo que es único, absurdo, extraño o intensamente idiosincrásico en un sueño es una esencia de individualidad. Es una expresión de una experiencia psicológica original y, como tal, es el material primordial del cual pueden desarrollarse nuevos modelos de tomar consciencia.

2.- Las palabras, mensajes o cualquier otra forma de caracterización de un ser en un sueño son, por lo general, importantes aspectos de la personalidad que están en proceso de cambio.

3.- Cuando experimentamos dos o más estados de ser en un sueño, es que está progresando un proceso de cambio psicológico.

4.- La autorreflexión, una examinación de los sentimientos, pensamientos o conducta en un sueño, permite el cambio fenomenológico de un estado de ser a una expansión de consciencia.

5.- Las transformaciones espontáneas en la imaginación del sueño son importantes cambios psicológicos que proveen condiciones para la autorreflexión y la expansión de consciencia.

6.- El crecimiento personal es afectado a través de una interacción personal única entre nuestro viejo ser y los nuevos estados de ser que aparecen en forma autónoma en el reino fenoménico.

7.- La psicosíntesis de una nueva identidad puede ser generada desde los cambios fenomenológicos a través de la emoción y la imaginería hacia la expansión de consciencia.

8.- La creación de un mundo fenoménico compartido en común es la base emocional para expandir la consciencia y la transformación de estados de ser a través del contacto entre dos personas.

9.- El crecimiento del proceso de expansión de la consciencia es en parte autónomo.

l0.- Las formas negativas o terroríficas en un proceso imaginario indican que hay un bloqueo o represión en nuestro desarrollo psicológico. Ser derrotado por imágenes terroríficas significa que algunos aspectos de la individualidad han sido aplastados. Una exitosa confrontación con las fuerzas negativas inicia una expansión de consciencia y la psicosíntesis de una nueva identidad.

11.- La diferencia entre una psicosis funcional aguda y un estado de transformación psíquica está en el grado de flexibilidad y control que mantenemos sobre nuestro nivel de consciencia.

12.- Los impulsos autodestructivos son esfuerzos por destrozar aspectos de la personalidad que están bloqueando un futuro desarrollo.

13.- Hay esquemas característicos de sentimientos e imaginería interna asociados con la expansión de consciencia y la transformación de la personalidad y de la conducta.

14.- Las figuras positivas en sueños y fantasías y las creaciones artísticas son nacientes aspectos de la identidad, y representan características emergentes en quien las experimenta.

15.- La psicosíntesis de las figuras de la imaginación integra sus características como nuevos aspectos de identidad que pueden ser actualizados dentro de la conducta.

16.- Una sensación de aislamiento, soledad o alienación implica que estamos desarrollando un único mundo fenoménico que no es compartido aún con otro.

17.- Una sensación de vacío interior o despojo implica que hemos experimentado una expansión de consciencia acerca de las incongruencias de nuestro mundo fenoménico.

18.- Un sentido de irrealidad implica que un cambio radical está teniendo lugar en nuestro campo fenoménico debido a la emergencia de lo nuevo que aún no es integrado.

El ser personal o yo consciente:

La Psicosíntesis lo postula como el centro coordinador de los distintos aspectos de la personalidad: cuerpo, psiquis y mente. Las dos funciones principales del ser personal son consciencia y voluntad. Su función consciente lo habilita para darse claramente cuenta de lo que está sucediendo dentro y alrededor de él, percibiendo la realidad interna y externa sin distorsión ni bloqueo desde la posición que asumiría un observador imparcial.

El actuar desde ese centro se dificulta por la identificación con aspectos parciales de la personalidad llamados «subpersonalidades», entes semiautónomos, contradictorios entre sí, constituidos por una rutina preprogramada que se gatilla bajo ciertas circunstancias - semejantes a los roles enseñados en el Cuarto Camino - a los que se debe ir colocando progresivamente bajo el control del yo consciente, o «yo permanente», llamado así en oposición a los muchos yoes que son transitorios y fluctuantes.

El proceso de integración consiste en explorar esta multiplicidad interior que se reviste con distintas máscaras, según sea la circunstancia, y que se autodenomina «yo» durante el tiempo que permanece en el escenario. Aparece el «yo profesional» (médico, abogado, sacerdote, ingeniero, comerciante, militar, etc.), el «yo social», el «yo deportista», el «yo familiar» (hijo, hija, padre, madre, esposo, esposa), el «yo religioso», el «yo irresponsable» que se dedica sólo a pasarlo bien durante cierto tiempo predeterminado. También están las subpersonalidades neuróticas a las que llamamos «complejos», que incluyen una parte verdadera nuestra que busca expresarse; pero que ha sido reprimida o distorsionada hacia una manifestación patológica (fobias, por ejemplo).

Hay unas subpersonalidades más fuertes que otras, en especial las referidas a la profesión. Somos médicos, abogados, militares, etc., por toda una jornada laboral durante un período prolongado de treinta o más años. Además de su permanencia en el tiempo, están más cargadas de energía porque la gente se apoya en su profesión para ganar prestigio, dinero, reconocimiento, status social. No se trata de renunciar a la profesión sino de no identificarse con ella. No la consideremos un fin en sí misma sino un medio para realizarnos como seres humanos.

La otra función del yo consciente es la voluntad, cuyo desarrollo ocupa un lugar muy importante en la Psicosíntesis. A través de la voluntad ganamos libertad de elección, responsabilidad personal, el poder decidir sobre nuestras acciones y la habilidad de coordinar y dirigir los diversos aspectos de nuestra personalidad. Gracias a ella nos liberamos de reacciones no deseadas, de nuestra indefensión ante impulsos instintivos inoportunos y de someternos a las expectativas de otros. Llegamos a estar verdaderamente «centrados» y nos vamos capacitando en forma progresiva a seguir el camino más adecuado en concordancia con lo mejor de nosotros. De esta manera acrecentamos la capacidad de servir a las fuerzas de evolución, encontrando un sentido de profundo significado a nuestra vida personal. Llegamos a ser capaces de funcionar en el mundo de manera más efectiva y serena, en un espíritu de cooperación y de responsabilidad hacia nuestros semejantes.

Assagioli estudió en el psicoanálisis el inconsciente personal, fuente de impulsos atávicos y biológicos, usado además como depósito de recuerdos y traumas, reprimidos por ser causa de dolor; pero en su práctica clínica descubrió que también puede presentarse una represión de impulsos de nivel superior -a los que llamó «represión de lo sublime» - y detectó la existencia de un supraconsciente, donde se originan nuestros impulsos superiores: amor altruísta, voluntad hacia el bien, inspiración científica y artística, intuiciones filosóficas y espirituales y un sentido trascendente de la finalidad de la vida humana. Por ello, junto con propiciar la integración de la complejidad personal alrededor del yo consciente, decidió que debía continuar con la integración a nivel del supraconsciente y el Yo Superior, o Ser más Profundo.

El Supraconsciente:

Los testimonios sobre la existencia del superconsciente - o supraconsciente - son innumerables y proceden de todas las épocas y regiones del globo. Se trata de experiencias antiguas y modernas, orientales y occidentales. Gran parte de ellas son de tipo místico, aunque también existen otras sin características religiosas. El pionero en el estudio del superconsciente en su connotación mística fue el gran psicólogo norteamericano William James en su libro «Varieties of Religious Experiences», publicado en 1902. Sin haber tenido una experiencia personal en este ámbito, W. James hizo acopio de una cantidad importante de casos, los que estudió en forma acuciosa, imparcial y objetiva.

También Jung, al tratar del «inconsciente colectivo», al que considera suprapersonal, se refiere a éste como fuente de origen de mitos y símbolos que exceden al yo consciente. De la misma manera, Viktor Frankl admite plenamente la existencia de experiencias supraconscientes.

La Psicosíntesis ha determinado varias características que posee este nivel superior del supraconsciente, las que se hacen manifiestas al afectar la consciencia cotidiana: profundidad, interiorización, elevación, expansión y ampliación, desarrollo y activación, potenciación, sensación de despertar, iluminación, beatitud, gozo, renovación o regeneración, resurrección, liberación. Esto corresponde en gran parte con lo observado por Maslow en su libro «El Hombre Autorrealizado». El llama «Ser» al conjunto de experiencias-cumbre (supraconscientes), porque ellas dan un sentido de «ser plenamente», de intensidad de existir y vivir.

El estudio del supraconsciente es lo característico de la psicología transpersonal, la que no hay que confundir con la psicología espiritual. Esta última se refiere al estudio de los estados místicos de consciencia y a su efecto sobre la psiquis individual. El ámbito de la psicología transpersonal es más amplio. Incluye todos los eventos situados más allá de las experiencias cotidianas. Además de las experiencias espirituales, están las manifestaciones psíquicas, las relaciones interpsíquicas (telepatía, clarividencia, etc.) y todos los aspectos relacionados con el inconsciente personal y colectivo. Tanto si estos aspectos estén brillantemente iluminados con energía espiritual o ensombrecidos por las represiones propias de la «sombra».

Algunos psicólogos han limitado la Psicosíntesis a un sistema pseudo-místico con que incitan a sus clientes a subir o bajar montañas imaginarias. La intención de Assagioli ha estado muy lejos de eso. El incluye psicoanálisis y psicoterapia profunda, además de acceso a la expresión de energías creativas y espirituales. Su técnica es un esfuerzo serio por integrar todas las diferentes facetas de la experiencia humana. Todos tenemos un místico dentro de nosotros, es una parte nuestra que prefiere «resbalarse» de la rutina cotidiana y flotar entre las nubes. En ciertos momentos apropiados - en meditación, por ejemplo - esa parte nuestra puede hacernos experimentar una genuina - aunque transitoria - experiencia espiritual, y eso es bueno para nuestro crecimiento interior. El problema se presenta cuando nos quedamos identificados con ello y nos resistimos a volver a poner los pies en la tierra. Podemos pasar a ser «drogadictos astrales». «fugados espirituales», o «alucinados de la Nueva Era». Todos conocemos gente que pasa gran parte de su vida en estos estados.

La Psicosíntesis puede ser presentada como el camino ideal para esa parte mística de la que hablamos, pero eso no es todo. Ella pone el énfasis en la luz, la ascensión, el amor, la superación de nuestros aspectos oscuros (la «sombra»). Es un camino que no nos invita a deslizarnos de la realidad, sino que nos estimula a incorporarnos a la vida, trayendo nuestra energía a este mundo donde tanta falta hace, en una verdadera perspectiva espiritual que honre a la vida en todos sus aspectos. Se trata de una Psicosíntesis «integrativa» que incluye todos nuestros aspectos más oscuros, así como los más luminosos, para ayudarnos a crear un mundo más holístico, aceptando tanto nuestros potenciales como nuestras limitaciones.

El Ser Transpersonal:

Es llamado también el Yo Superior, Yo más Profundo o Sí Mismo. Actúa a través del supraconsciente como una fuente de sabiduría y de amor altruísta. Mediante la Psicosíntesis va estableciendo contacto con el yo consciente o ser personal de modo que el proceso de crecimiento empieza a ser guiado por él. Este concepto del Ser Transpersonal es uno de los aspectos fundamentales de la Psicosíntesis y limita con el terreno de lo inefable.

Sin embargo, existen cualidades del Ser Transpersonal que podemos entender en forma lógica - sin haberlas vivenciado - como belleza, armonía, verdad, justicia, sentido de pertenecer a una Totalidad, el estar conectados con la Vida Universal y con la evolución de todos los seres vivientes, el trascender un yo separado de los otros.

No hay que confundir el Ser Transpersonal con el Supraconsciente. El segundo es fuente de todas las características que se manifiestan en el nivel supraconsciente. Estas características son activas, dinámicas, variables en intensidad y en realización. En cambio el Ser Transpersonal o Yo Superior es inmóvil, estable, inmutable, el Observador Silencioso del que habla el Budismo Tibetano. Posee la perenne e inmortal esencia del Yo espiritual. Al conectarse con él, de alguna manera en ciertos momentos privilegiados, se experimenta una sensación de ampliación y expansión sin límites junto con una alegría y felicidad inmensas imposible de expresar en palabras.

Para llegar a nuestro Ser Transpersonal es necesario hacer un viaje por nuestros mundos internos,
ascender a las alturas del supraconsciente. También es necesaria una adecuada preparación psico-espiritual para resistir la afluencia de su fuerza, así como para captar sus sutiles mensajes, distinguiéndolos de las demás voces interiores, y para comprender e interpretar su simbolismo. Es preciso, además, estar dispuestos a realizar con firme constancia todo aquello que nos indique.

Ciertamente esta preparación no es fácil. El Ser Transpersonal considera las cosas, los acontecimientos y las personas de una manera muy distinta a la del yo personal. Su sentido de los valores y de las proporciones es muy diferente del de la consciencia ordinaria. Sus indicaciones corresponden al bien verdadero, pero pueden contradecirse con nuestros deseos o preferencias personales.

El Ser Transpersonal no requiere sacrificios, en el sentido usual del término, como renuncia dolorosa a cosas que nos agradan. Lo que pide es la eliminación gradual de aquellos hábitos, costumbres y actividades que resultan nocivas o inútiles, para dedicar tiempo y espacio a lo que vale verdaderamente la pena. Con
su sabiduría y amor comprensivo, el Yo Superior no exige que hagamos ésto en forma inmediata y perfecta. Es paciente y sabe esperar, seguro de que alcanzaremos la elevada meta que él tiene para nosotros desde el comienzo de nuestra evolución.

Los símbolos del Ser Transpersonal son múltiples y cada uno sugiere uno de sus aspectos: el Maestro Interior, el Cristo Interno, el Angel Solar, el anciano Sabio, el Guerrero Interior, el Héroe, la Esfera de Fuego Irradiante, el Padre (en la parábola del Hijo Pródigo). Somos nosotros quienes debemos invocarlo, quienes debemos dar el primer paso, abrir la puerta, crear el canal de comunicación. Si lo llamamos, él nos responderá...